Autora: Dra. Yohaira Vargas

Desde el inicio de los tiempos la mujer ha tenido un papel fundamental y sobresaliente en cada página de historia en la cual tenemos el privilegio de figurar, y es que tan solo se necesita realizar un pequeño viaje más de 2,000 años atrás para poder ver que incluso en la política, la mujer tuvo un debut espectacular, si consideramos que Israel, el pueblo elegido por Dios, fue gobernado por una mujer de  nombre Débora (Jueces 4:4),  quién ejerció un liderazgo impresionante, así también existieron muchas más que jugaron papeles formidables en aquellos tiempos, pero tal vez valdría la pena realizar la siguiente interrogante: ¿qué pasó después de esos buenos inicios? Al parecer se ha avanzado, y ha sido grande la lucha en la búsqueda del empoderamiento femenino. Sin embargo, a diferencia de otras ciencias u otros espacios, el político ha sido uno de los mayormente difíciles de alcanzar para la mujer, en esta lucha constante de ganar estos espacios la mujer de la actualidad ha agregado a su agenda muchas actividades más y sobre todo a tomado mucha responsabilidad, ya no desde un punto de vista limitado, sino por el contrario ha potencializado sus capacidades para establecer grandes precedentes para la mujer, a tal grado que hoy por hoy las sillas universitarias han llegado a ser ocupada por una cantidad similar o incluso mayor de mujeres, muy satisfactorio entonces el hecho de que no hemos ganado esos espacios únicamente a través de cuotas de género sino por medio de la demostración real de sus potencialidades.

 

Según estadísticas internacionales presentadas por ONU Mujeres,  podemos evidenciar que la mujer no se ha hecho sentir de la forma que quisiéramos, ya que muy poca ha sido su participación a nivel mundial. En Guatemala actualmente menos del 20% del congreso está integrado por mujeres y los gobiernos locales dirigidos por mujeres representan menos del 3%. Pero ¿cuál es la importancia de continuar en la búsqueda de esos espacios?, creo que la respuesta es muy sencilla, existen metas trazadas tanto a nivel internacional y nacional, a mediano y largo plazo, que deben ser cumplidas. En ese sentido encontramos los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluidos en un mandato constitucional que integra un Plan Nacional de Desarrollo “Katun 32”, donde se han establecido cinco ejes prioritarios 1. Guatemala urbana y rural, 2. Bienestar para la gente, 3. Riquezas para todos y para todas, 4. Recursos naturales para hoy y para el futuro y 5. Estado garante de los derechos humanos y conductor del desarrollo, y dentro de sus prioridades se establece hambre cero, cuyo objetivo es poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

No cabe duda que rutas como la de crear gobiernos abiertos que fomentan la participación ciudadana nos ofrecen el mejor camino para alcanzar su logro. Pero cuando hablamos de gobiernos abiertos que podemos interpretar, sencillo también es imaginarlo como una puerta que deja entrar en ella a todas las personas con las mismas condiciones y sobre todo valorando su participación desde el escenario que sea presentada, una puerta abierta también para las mujeres que en este caso se convierten en actores claves para promover y mantener la Seguridad Alimentaria y Nutricional en las comunidades a las cuales representan, pero también una puerta abierta para devolver por medio de la transparencia y la equidad una respuesta justa a una población que confió en sus gobernantes.

 

La participación ciudadana debe ser fomentada y valorada en su máxima expresión. Para nadie es un secreto que las mujeres por muchas décadas han sido las encargadas del cuidado del hogar y con ello han ganado ventaja, la mujer es quien ha administrado los recursos tanto financieros como naturales dentro del hogar, además de ejercer funciones de maestra al enseñar a los integrantes de la familia las formas adecuadas de desarrollar una buena dieta, al continuar en casa el aprendizaje de todo aquello que tan solo inició en la escuela etc. Además se convierte en cuidadora de la salud al desarrollar procedimientos tan cotidianos como el adecuado manejo de los productos alimenticios desde su adquisición hasta la elaboración y procesamiento de los mismos, estas son algunas de las características propias de la mujer que nos hacen pensar que son necesarias en el cumplimento de todas las metas. No en vano la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que la mujer debe tener igualitarias oportunidades en comparación a los hombres, ya que existe una brecha de género como una forma injustificada de desigualdad, pero si esto mejora, los cambios que se lograrían en la economía global son muy significativos. Este criterio nuevamente valora la importancia de la mujer dentro del loable trabajo de mejorar la Seguridad Alimentaria y Nutricional en nuestro país.

Otro aspecto importante a considerar es que existe una pirámide de actores gubernamentales de tres escalones, cuya importancia en el tema de Seguridad Alimentaria y nutricional es similar, en la cúspide se encuentra el gobierno nacional encargado de velar por la Seguridad Alimentaria y Nutricional de sus habitantes, en el segundo escalón encontramos a los entes o coordinadores departamentales encargados de desarrollar todos los planes desarrollados en función de ello y como base fuerte de esa pirámide nos encontramos los gobiernos locales quienes contamos con tres características fundamentales en el éxito de todos los planes a ejecutar:

  1. Contamos con el conocimiento real y total de nuestras jurisdicciones.
  2. Contamos con una estructura organizacional que nos permiten acoplar a la implementación de acciones a desarrollar,
  3. Contamos con la aprobación y confianza de la ciudadanía que permitirá un mejor apego y cumplimiento de las metas trazadas.

 

En síntesis, creo que valdría la pena considerar el papel tan importante que juegan los gobiernos locales en la creación de gobiernos abiertos donde la participación ciudadana sea totalmente incluyente,sometiendo a peso el valor de la participación de la mujer, considerando que cuenta con el conocimiento, estrategias y manejo de sus hogares influyendo positivamente en mantener una adecuada Seguridad Alimentaria y Nutricional, evidenciada con la finalización del hambre y remarcada con la disminución significativa de nuestros índices de desnutrición en cualquiera de sus manifestaciones.

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